Un papel debajo de una botella de vino vacía. Un baño blanco y una imagen desgarradora de fondo. Como una frágil hoja que está por desprenderse de un árbol, ella colgaba de una soga color rojo. Todavía tenía mojadas las mejillas con lágrimas que sabían a sal. Su pecho estaba lleno de sangre, al igual que sus manos.
Unas horas antes, había llegado a su casa llorando desconsoladamente. Sintió un intenso dolor en el corazón, se quitó el saco y se desabrochó la camisa. Acostada en el sillón, pensaba en un túnel negro, pensaba en la soledad. Sintió que algo le mojaba el pecho, llevó sus manos a esa zona y vio sangre, sabía que ya no podía aguantar más.
Abrió la única botella de vino que había en su casa. Salía por su pecho el mismo color que ingresaba por su garganta. Ya un poco mareada agarro la soga roja que guardaba en el cajón. La sangre salía cada vez con más intensidad.
Subió las escaleras con sus últimas fuerzas, llevaba un papel en la mano. Tomó un poco de sangre de sus manos y escribió: “Amor”.
jueves, 9 de diciembre de 2010
domingo, 28 de noviembre de 2010
Pacífico Caos
Mientras su cuerpo se deterioraba, su mente cada vez tenía colores más brillantes. Era como si todas sus ideas recorrieran su interior a gran velocidad y en el momento de salir, chocaran contra una muralla.
La llave estaba en sus manos, la agarró, la miró, la sintió y la guardó en el bolsillo. No se animaba a usarla a pesar de que el deseo de abrir la jaula era intenso. Teniendo el poder en sus manos, prefería agarrarse de los barrotes y empezar a zamarrear sus brazos interpretando a una persona desesperada por encontrar la salida. Era víctima de su propia cobardía.
Sentada en el rincón más oscuro de la jaula, miraba los distintos escenarios pasar. Cuando se ponía de pie, estiraba las manos hacia el exterior y sentía calor, viento, frío, agua, miedo, fuego, todo y nada. Esas sensaciones le daban placer, pero eran sólo momentos. El miedo minimizaba algo que podía durar una eternidad, una idea estaba siendo acorralada.
Metió la mano en el bolsillo y agarró la llave una vez más. Sin pensarlo demasiado, abrió la celda y sacó un pie afuera, sintió una profunda libertad.
Rápidamente volvió adentro, cerró la jaula y se sentó en el rincón del desperdicio eternamente. Era víctima de su propia cobardía, una idea había sido acorralada.
La llave estaba en sus manos, la agarró, la miró, la sintió y la guardó en el bolsillo. No se animaba a usarla a pesar de que el deseo de abrir la jaula era intenso. Teniendo el poder en sus manos, prefería agarrarse de los barrotes y empezar a zamarrear sus brazos interpretando a una persona desesperada por encontrar la salida. Era víctima de su propia cobardía.
Sentada en el rincón más oscuro de la jaula, miraba los distintos escenarios pasar. Cuando se ponía de pie, estiraba las manos hacia el exterior y sentía calor, viento, frío, agua, miedo, fuego, todo y nada. Esas sensaciones le daban placer, pero eran sólo momentos. El miedo minimizaba algo que podía durar una eternidad, una idea estaba siendo acorralada.
Metió la mano en el bolsillo y agarró la llave una vez más. Sin pensarlo demasiado, abrió la celda y sacó un pie afuera, sintió una profunda libertad.
Rápidamente volvió adentro, cerró la jaula y se sentó en el rincón del desperdicio eternamente. Era víctima de su propia cobardía, una idea había sido acorralada.
martes, 2 de noviembre de 2010
Cueva
Noche o día. Cerca o lejos. Acá o allá. Ella u otra. Nada importa.
Llora. Llora tanto que se ahoga en sus lágrimas.
Sólo cuando cierra los ojos ve.
Sus manos tratan desesperadamente de tocar el rayo de luz naranja que se les escapa.
Sus pies sienten frío y sus dedos están fruncidos contra el piso.
Se ve en el reflejo de un charco, sucia y despeinada.
Mira hacia arriba y ve que el mundo es redondeado.
Ve la estrella que se está por morir.
Se queda callada para decirlo todo.
Por un instante desea que ese momento sea eterno.
Empieza a cuestionar su existencia.
Las preguntas empiezan a ocupar demasiado lugar.
Lo absurdo no está mal.
La interpretación es sólo tuya.
Vos no sos de nadie.
Si me voy, ¿venís conmigo?
Llora. Llora tanto que se ahoga en sus lágrimas.
Sólo cuando cierra los ojos ve.
Sus manos tratan desesperadamente de tocar el rayo de luz naranja que se les escapa.
Sus pies sienten frío y sus dedos están fruncidos contra el piso.
Se ve en el reflejo de un charco, sucia y despeinada.
Mira hacia arriba y ve que el mundo es redondeado.
Ve la estrella que se está por morir.
Se queda callada para decirlo todo.
Por un instante desea que ese momento sea eterno.
Empieza a cuestionar su existencia.
Las preguntas empiezan a ocupar demasiado lugar.
Lo absurdo no está mal.
La interpretación es sólo tuya.
Vos no sos de nadie.
Si me voy, ¿venís conmigo?
lunes, 25 de octubre de 2010
Pensar
Todas las pelotas se dirigen a distintas direcciones, se chocan muy seguido, a pesar de que el espacio es extenso. La mayoría rueda a gran velocidad. Son demasiadas y tienen distintos tamaños. A veces se fusionan entre sí, otras se rompen al chocar.
Colorean la base sobre la que se trasladan, los colores son 22. La pelota roja da vueltas en un mismo lugar hasta que la amarilla la golpea. La base sobre la que ruedan a veces es negra y a veces blanca.
Miro desde arriba, la mezcla de colores, los distintos recorridos, los círculos, las líneas, las explosiones y las pelotas solitarias. En la base, esta vez negra, veo que se forman dibujos. Algunos se esfuman rápidamente, otros parecen permanentes y otros se quedan un tiempo para después desaparecer de a poco.
Cierro los ojos pensando que quizás así, el movimiento de las circunferencias frene al menos un instante, nunca sucede. El círculo rojo retoma su recorrido circular, el amor da la primera vuelta y vuelve a empezar. Hará lo mismo hasta que otra vez, la realidad, con su color amarillo limón lo vuelva a chocar.
Pienso con colores y redondeles que no saben para donde ir dentro de un espacio infinito. El redondel rojo sigue girando en círculos. No hay límite de equivocaciones, no hay cantidad de veces para pasar por el mismo lugar, no hay tiempo definido para que la realidad aparezca. El movimiento es desesperante, la velocidad no se reduce y sólo hay una forma de que esto se termine, la pelota plateada. Decido no hacerlo, quizás cuando tenga más colores, pueda realizar al fin, mi obra maestra.
Colorean la base sobre la que se trasladan, los colores son 22. La pelota roja da vueltas en un mismo lugar hasta que la amarilla la golpea. La base sobre la que ruedan a veces es negra y a veces blanca.
Miro desde arriba, la mezcla de colores, los distintos recorridos, los círculos, las líneas, las explosiones y las pelotas solitarias. En la base, esta vez negra, veo que se forman dibujos. Algunos se esfuman rápidamente, otros parecen permanentes y otros se quedan un tiempo para después desaparecer de a poco.
Cierro los ojos pensando que quizás así, el movimiento de las circunferencias frene al menos un instante, nunca sucede. El círculo rojo retoma su recorrido circular, el amor da la primera vuelta y vuelve a empezar. Hará lo mismo hasta que otra vez, la realidad, con su color amarillo limón lo vuelva a chocar.
Pienso con colores y redondeles que no saben para donde ir dentro de un espacio infinito. El redondel rojo sigue girando en círculos. No hay límite de equivocaciones, no hay cantidad de veces para pasar por el mismo lugar, no hay tiempo definido para que la realidad aparezca. El movimiento es desesperante, la velocidad no se reduce y sólo hay una forma de que esto se termine, la pelota plateada. Decido no hacerlo, quizás cuando tenga más colores, pueda realizar al fin, mi obra maestra.
viernes, 1 de octubre de 2010
Venecia
Caminó hasta llegar a ver el precipicio. El viento revolvía su cabellera y corría sus lágrimas para un costado, dejando sus ojos marrones rodeados de pintura negra. No tenía frío, no tenía calor y no tenía sentido.
Sentía como sus piernas temblaban y cada vez se hacían más débiles. Las nubes eran violetas y el cielo rosa, le gustaba esa combinación. El vestido blanco bailaba alrededor de su cuerpo y la acariciaba. Ella no pensaba nada, sólo sonreía.
Le emocionaba saber que su sueño de volar hoy se concretaría. Tomo un profundo respiro, alzó las manos y largando una carcajada se dejó caer.El placer del instante se hizo infinito.
Sentía como sus piernas temblaban y cada vez se hacían más débiles. Las nubes eran violetas y el cielo rosa, le gustaba esa combinación. El vestido blanco bailaba alrededor de su cuerpo y la acariciaba. Ella no pensaba nada, sólo sonreía.
Le emocionaba saber que su sueño de volar hoy se concretaría. Tomo un profundo respiro, alzó las manos y largando una carcajada se dejó caer.El placer del instante se hizo infinito.
lunes, 30 de agosto de 2010
Buenos Aires.
Estaba sentada, el transporte público estaba lleno de gente y murmullos. No le importaba estar despeinada y que su maquillaje se haya corrido, había sido un día de trabajo agotador y eso justificaba los descuidos. Se puso los auriculares porque no había ninguna conversación que le resultara interesante para quedarse escuchando.
Era de noche y las luces de la ciudad se veían borrosas, tenía sueño. Apoyó la cabeza contra el vidrio y miró la calle, un auto frenó al lado de su ventanilla, ella lo vio. Él se quedó mirando como si toda esa desprolijidad natural le fascinara. Los dos sabían que cuando el semáforo cambiase a verde sus caminos los separarían, no tenían mucho tiempo.
Se miraban fijo, ella sonrió y lo contagió a él. La luz del semáforo se puso amarilla. Con el aire de su boca ella empaño el vidrio y escribió: “Si”. Los vehículos avanzaron y se perdieron en la ciudad.
Era de noche y las luces de la ciudad se veían borrosas, tenía sueño. Apoyó la cabeza contra el vidrio y miró la calle, un auto frenó al lado de su ventanilla, ella lo vio. Él se quedó mirando como si toda esa desprolijidad natural le fascinara. Los dos sabían que cuando el semáforo cambiase a verde sus caminos los separarían, no tenían mucho tiempo.
Se miraban fijo, ella sonrió y lo contagió a él. La luz del semáforo se puso amarilla. Con el aire de su boca ella empaño el vidrio y escribió: “Si”. Los vehículos avanzaron y se perdieron en la ciudad.
sábado, 31 de julio de 2010
El subibaja.
Todavía hay cristal en mis ojos, la cuerda de mi garganta está muy ajustada y no logro desatarla. En mis manos pinté colores alegres, cada vez que ellas se dirigen hacia mi cara para secar una lágrima, me manchan. Cuando me miro en el espejo, me río del mamarracho.
Decidí que cuando los años pasen, una de mis arrugas vas a ser vos, seguramente la del costado del ojo izquierdo, un surco particularmente profundo que cuando me ría se marque más y que cuando llore, sirva de canal hacia mis mejillas.
Andate despacio, si te vas rápido te podes caer e inevitablemente voy a ir a levantarte.
Decidí que cuando los años pasen, una de mis arrugas vas a ser vos, seguramente la del costado del ojo izquierdo, un surco particularmente profundo que cuando me ría se marque más y que cuando llore, sirva de canal hacia mis mejillas.
Andate despacio, si te vas rápido te podes caer e inevitablemente voy a ir a levantarte.
domingo, 25 de julio de 2010
El sentido de vos.
Nadie sabe, nadie espera, nadie quiere pasar por esto, pero esto te hace saber que ya pasó y que nadie te esperó. La lágrima que recorre tu mejilla ingresa por tus poros a tu cuerpo y se extiende por todas tus extremidades. El dolor en el pecho es cada vez más fuerte y las voces a tu alrededor se vuelven confusas, lo único que podes ver son garabatos. Garabatos sin sentido, de color negro y a veces rojo.
Cuando lo vi, no miré y cuando miré, ya se había ido. Se esfumó en mis brazos. Ahora estoy en manos del tiempo.
Cuando lo vi, no miré y cuando miré, ya se había ido. Se esfumó en mis brazos. Ahora estoy en manos del tiempo.
jueves, 15 de julio de 2010
Ahora.
… “Esta esquina es muy oscura para mí”. Iba caminando por la calle, era una noche fría y mi día de trabajo no había sido el mejor. Llevaba puesta la capucha y las manos adentro de los bolsillos del saco. Mis pasos eran cortos y rápidos. Mi cabeza estaba inclinada hacia abajo y mis ojos miraban mis botas negras en cada una de mis pisadas. Mis pies estaban rodeados por calle, por suelo.
Frené en una esquina de repente, porque vi que venía un auto, pero el conductor me dejó pasar. Crucé la calle y puse el pie en el cordón de la otra esquina. Vi la imagen de mi zapato negro pisando esa esquina y lo primero que pensé fue: “esta esquina es muy oscura para mi”. Esa frase me quedó grabada y no paré de repetirla.
Cuando crucé la calle, me acordé de vos. Cuando puse el pie en la otra esquina, te extrañé. Seguí extrañándote y repitiendo “esta esquina es muy oscura para mi” hasta que escribí la primer palabra de este texto y te lo dije.
Frené en una esquina de repente, porque vi que venía un auto, pero el conductor me dejó pasar. Crucé la calle y puse el pie en el cordón de la otra esquina. Vi la imagen de mi zapato negro pisando esa esquina y lo primero que pensé fue: “esta esquina es muy oscura para mi”. Esa frase me quedó grabada y no paré de repetirla.
Cuando crucé la calle, me acordé de vos. Cuando puse el pie en la otra esquina, te extrañé. Seguí extrañándote y repitiendo “esta esquina es muy oscura para mi” hasta que escribí la primer palabra de este texto y te lo dije.
jueves, 6 de mayo de 2010
La llave.
Era de noche y hacía frío, él caminaba solo por las calles vacías, aturdía el silencio. Sus pasos eran lentos, sus pensamientos todo lo contrario. Constantemente se sujetaba la cabeza y se la masajeaba, con la intención de acomodar un poco sus ideas y encontrar la respuesta.
Se sentía raro, quería encontrar algo nuevo en el mundo, un descubrimiento que en verdad desafíe todo prejuicio. No tenía miedo, ya había aprendido que eso no servía para nada. Comprendía que el planteo de todo paradigma siempre iba a encontrar resistencia al momento de ser aceptado, pero no le importaba arriesgarse.
Todo era cuestión de perspectiva, de cambiar el cuadro mental. Sabía que existía la posibilidad de que nadie entendiera lo que él quería hacer, pero para ese caso siempre recordaba y repetía en su cabeza la siguiente frase que Nietzsche había dicho respecto a su famoso personaje Zaratustra: “ Era un profeta rebosante de sabiduría, que decidió instruir a la gente. Pero nadie entendía sus palabras. Nadie estaba preparado para comprenderlo y el profeta, al darse cuenta de que había llegado demasiado pronto, regresó a su soledad”. Haría lo mejor posible, si no tendría que esperar y hacerlo más adelante, cuando sea el momento indicado.
Le quedaban pocas cuadras para llegar a su casa, el frío y la transpiración le empezaban a molestar y todavía no podía encontrar la respuesta que buscaba. Ese día era su cumpleaños, lo esperaba toda su familia y también sus amigos con una comida en su casa, eso lo hacía sentir bien. Además, sabía que toda esa gente lo apoyaría en su intención de generar un cambio en la conciencia colectiva para crear plenamente la nueva realidad.
Sacó las llaves de su bolsillo, el murmullo de la gente ya se oía desde afuera, en su interior pensó: “una mente abierta y razonable permite que la realidad nos muestre algo nuevo, algo que la mayoría piensa que es imposible, y esto se hace meramente con el poder de la conciencia. Abrió la puerta e instantáneamente vio la respuesta: Revolución.
Se sentía raro, quería encontrar algo nuevo en el mundo, un descubrimiento que en verdad desafíe todo prejuicio. No tenía miedo, ya había aprendido que eso no servía para nada. Comprendía que el planteo de todo paradigma siempre iba a encontrar resistencia al momento de ser aceptado, pero no le importaba arriesgarse.
Todo era cuestión de perspectiva, de cambiar el cuadro mental. Sabía que existía la posibilidad de que nadie entendiera lo que él quería hacer, pero para ese caso siempre recordaba y repetía en su cabeza la siguiente frase que Nietzsche había dicho respecto a su famoso personaje Zaratustra: “ Era un profeta rebosante de sabiduría, que decidió instruir a la gente. Pero nadie entendía sus palabras. Nadie estaba preparado para comprenderlo y el profeta, al darse cuenta de que había llegado demasiado pronto, regresó a su soledad”. Haría lo mejor posible, si no tendría que esperar y hacerlo más adelante, cuando sea el momento indicado.
Le quedaban pocas cuadras para llegar a su casa, el frío y la transpiración le empezaban a molestar y todavía no podía encontrar la respuesta que buscaba. Ese día era su cumpleaños, lo esperaba toda su familia y también sus amigos con una comida en su casa, eso lo hacía sentir bien. Además, sabía que toda esa gente lo apoyaría en su intención de generar un cambio en la conciencia colectiva para crear plenamente la nueva realidad.
Sacó las llaves de su bolsillo, el murmullo de la gente ya se oía desde afuera, en su interior pensó: “una mente abierta y razonable permite que la realidad nos muestre algo nuevo, algo que la mayoría piensa que es imposible, y esto se hace meramente con el poder de la conciencia. Abrió la puerta e instantáneamente vio la respuesta: Revolución.
martes, 27 de abril de 2010
Tan extraño como posible
¿Qué tan posible es, estar en este mundo, el mismo en el que estás vos, que estás leyendo esto, pero vivir o sentir que estás viviendo en otro? Para Macielle, esto era una cosa de todos los días, y no porque ella lo quisiera, si no porque no podía evitarlo.
Macielle era una joven, que vivía con su madre, su padre había fallecido unos años atrás y tenía tres hermanos y una hermana, pero todos eran mayores y ya se habían independizado. Ella estudiaba y trabajaba, pero sentía verdadera satisfacción, cuando cantaba o escribía y era eso a lo que realmente quería dedicarse, pero no lo hacía.
Ya había pasado una semana y Macielle no podía quitarse una idea de la cabeza: “No entiendo este mundo” decía, y lo repetía varias veces en sus pensamientos, generalmente antes de irse a dormir, o hacer un intento de ello, ya que hace unos años sufría de insomnio. Al no poder dormir, ese pensamiento la molestaba, entonces trataba de buscarle alguna explicación. En mi opinión una explicación razonable era saber que en realidad, hace ya un largo tiempo, Macielle había comprendido tan bien este mundo, que había decidido que no lo entendía para no tener que enfrentarlo.
Había constantemente una voz interior con la que ella “conversaba”. Ésta a veces le traía problemas, otras, ideas que parecían interesantes, y muy de vez en cuando, la dejaba un rato en paz. Esa voz, que a ella le costaba aceptar que era ella misma, era la que generalmente la llevaba al otro mundo, un mundo paralelo. Generalmente, la gente que se arma un mundo paralelo (no se si es mucha o poca), lo hace un mundo agradable, podemos decir que hasta casi perfecto, ya que la razón por la cual lo inventan, es para escaparse, al menos un rato, de las cosas que no los satisfacen de su mundo real. En el caso de Macielle, esto no era exactamente así.
La mayoría de las veces, la voz la torturaba, la molestaba, y hasta se podría llegar a pensar que era eso lo que no la dejaba dormir (a pesar de que la razón que Macielle utilizaba en el “mundo real” era que temía que su despertador no sonara y no pueda despertarse para ir a trabajar). Una de las últimas ocurrencias que su mente había planteado era la siguiente: cuando la gente se muere, tendría que suceder que en las fotos o videos en los que estas personas aparecen, se borre su imagen, se borre mágicamente y así, la persona que sigue viva no puede ir a llorar viendo su foto y no sufra tanto recordándola. Macielle no estaba para nada de acuerdo con esa idea, ella pensaba que a las personas que fallecían, era necesario recordarlas y llorarlas, y que si llegara a suceder que sus imágenes desaparecieran, igualmente seguirían existiendo las fotos de la mente y los recuerdos vividos con esas personas y que por lo tanto, el sufrimiento estaría igual de presente y eso estaba bien, porque según Macielle era un sufrimiento necesario, para poder seguir adelante. Generalmente, todas las ideas que la voz le planteaba se relacionaban con la muerte.
Macielle era una chica “especial”, ella lo sabía, lo sentía y se lo hacían sentir, a pesar de eso, esta joven, tenía los mismos miedos que tienen todas las demás personas, salvo que, con ayuda de su mundo paralelo, estos, se hacían, según lo definía la voz, un poco más interesantes.
La madre de Macielle, siempre decía: “A los vivos es a lo que hay que tenerles miedo. A los vivos, ¡No a los muertos!” y después de decir eso siempre manifestaba, tratando de convencer a su hija, cuan maravilloso sería poder tener un encuentro con alguna persona querida que haya fallecido. A pesar del discurso de su madre, el mayor miedo que Macielle había tenido toda su vida era a la gente muerta.
“Si no subís antes que el perro las escaleras, arriba lo vas a ver a tu papá muerto, apurate” le decía la voz. Ella subía con toda prisa, mucha adrenalina y miedo al segundo piso de la casa, obviamente, antes que su perro lo haga. Corría constantemente una carrera en contra de ella misma.
Luego del fallecimiento de su padre, Macielle pasó por un trance muy duro en su vida. La tragedia sucedió cuando ella tenía dieciséis años. Fue algo repentino, inesperado, abrupto. Cuando la entonces adolescente trataba de recordar como había pasado ese año después del accidente, nunca lograba acordarse de casi nada, era como si no hubiese existido, como si se hubiese ido a otro mundo, a un mundo paralelo. No se puede decir que estos fueron los inicios de la creación de ese mundo, ya que cuando Macielle era todavía una pequeña niña, todas las noches al acostarse se ponía mirando a la pared en la que se encontraba ubicada su cama y conversaba con ésta, la pared le respondía a través de su mente. Lo que sí sucedió fue que luego de lo de su padre, la voz ya no estaba exteriorizada en una pared, si no que se había metido en ella y ya no la acompañaba sólo en las noches antes de irse a dormir, si no todo el tiempo.
Macielle pensaba que todo lo que tenía que ver con las cábalas, rituales, oraciones, “pedidos” o plegarias, duraba muy poco. “Cuando pedís que algo bueno ocurra, dura un poco más, porque seguís teniendo esperanza, pero cuando pedís que algo no suceda, en el momento que sucede, la fe que se había creado a partir de esos “pedidos”, se esfuma. A veces, por una cuestión de necesidad de creer en algo más allá, vuelve a resurgir (sólo hasta la próxima decepción), otras veces, realmente se desprecia, no se vuelve a utilizar y hasta puede llegar a hacerte pensar que fue por culpa de eso que sucedió”. Claro que Macielle tenía ese pensamiento, debido a una experiencia propia. Era muy tarde y su padre aún no llegaba, su madre lo había ido a buscar en el lugar que habían acordado y llamaba desesperada a ver si sus hijas, desde la casa, tenían alguna noticia. “Prendé la televisión a ver si ves si pasó algo en la ruta” les pidió en la última llamada. Así lo hicieron su hermana y Macielle y vieron que si existía tal noticia, pero no le hicieron caso, no quisieron aceptarlo. “No, esa no es la ruta que viene para acá” dijo su hermana mayor. En ese momento de angustia que Macielle estaba pasando, empezó a decir en voz baja: “Por favor que no le haya pasado nada a papá” y lo repitió varias veces. Luego, se le ocurrió que quizás, si escribía su deseo, con mucha fuerza y muchas veces, este se cumpliría. Macielle no pertenecía a ninguna religión, por lo tanto, se creaba sus propias creencias, esa vez, la escritura no funcionó. Macielle no pidió nunca nada más de esa forma.
“Si no sacas el café del microondas antes de que haga el sonido de aviso, va a sonar el teléfono y alguien te va a avisar que un ser querido murió o le pasó algo malo”. Macielle tenía un nudo en la garganta que cada vez le hacía más presión en el pecho. Mientras preparaba sus tostadas, no podía parar de mirar cuantos segundos faltaban para que el microondas sonara. Hacía todo apurada y diez segundos antes ya estaba parada al lado del aparato agarrando la manija para abrir la puerta antes del ruido. Así, sería un día sin tragedias, a no ser que, esta nueva forma de pedir las cosas no funcionara y la termine abandonando como hizo con la escritura en el papel, el año del accidente de su padre.
Macielle era una joven, que vivía con su madre, su padre había fallecido unos años atrás y tenía tres hermanos y una hermana, pero todos eran mayores y ya se habían independizado. Ella estudiaba y trabajaba, pero sentía verdadera satisfacción, cuando cantaba o escribía y era eso a lo que realmente quería dedicarse, pero no lo hacía.
Ya había pasado una semana y Macielle no podía quitarse una idea de la cabeza: “No entiendo este mundo” decía, y lo repetía varias veces en sus pensamientos, generalmente antes de irse a dormir, o hacer un intento de ello, ya que hace unos años sufría de insomnio. Al no poder dormir, ese pensamiento la molestaba, entonces trataba de buscarle alguna explicación. En mi opinión una explicación razonable era saber que en realidad, hace ya un largo tiempo, Macielle había comprendido tan bien este mundo, que había decidido que no lo entendía para no tener que enfrentarlo.
Había constantemente una voz interior con la que ella “conversaba”. Ésta a veces le traía problemas, otras, ideas que parecían interesantes, y muy de vez en cuando, la dejaba un rato en paz. Esa voz, que a ella le costaba aceptar que era ella misma, era la que generalmente la llevaba al otro mundo, un mundo paralelo. Generalmente, la gente que se arma un mundo paralelo (no se si es mucha o poca), lo hace un mundo agradable, podemos decir que hasta casi perfecto, ya que la razón por la cual lo inventan, es para escaparse, al menos un rato, de las cosas que no los satisfacen de su mundo real. En el caso de Macielle, esto no era exactamente así.
La mayoría de las veces, la voz la torturaba, la molestaba, y hasta se podría llegar a pensar que era eso lo que no la dejaba dormir (a pesar de que la razón que Macielle utilizaba en el “mundo real” era que temía que su despertador no sonara y no pueda despertarse para ir a trabajar). Una de las últimas ocurrencias que su mente había planteado era la siguiente: cuando la gente se muere, tendría que suceder que en las fotos o videos en los que estas personas aparecen, se borre su imagen, se borre mágicamente y así, la persona que sigue viva no puede ir a llorar viendo su foto y no sufra tanto recordándola. Macielle no estaba para nada de acuerdo con esa idea, ella pensaba que a las personas que fallecían, era necesario recordarlas y llorarlas, y que si llegara a suceder que sus imágenes desaparecieran, igualmente seguirían existiendo las fotos de la mente y los recuerdos vividos con esas personas y que por lo tanto, el sufrimiento estaría igual de presente y eso estaba bien, porque según Macielle era un sufrimiento necesario, para poder seguir adelante. Generalmente, todas las ideas que la voz le planteaba se relacionaban con la muerte.
Macielle era una chica “especial”, ella lo sabía, lo sentía y se lo hacían sentir, a pesar de eso, esta joven, tenía los mismos miedos que tienen todas las demás personas, salvo que, con ayuda de su mundo paralelo, estos, se hacían, según lo definía la voz, un poco más interesantes.
La madre de Macielle, siempre decía: “A los vivos es a lo que hay que tenerles miedo. A los vivos, ¡No a los muertos!” y después de decir eso siempre manifestaba, tratando de convencer a su hija, cuan maravilloso sería poder tener un encuentro con alguna persona querida que haya fallecido. A pesar del discurso de su madre, el mayor miedo que Macielle había tenido toda su vida era a la gente muerta.
“Si no subís antes que el perro las escaleras, arriba lo vas a ver a tu papá muerto, apurate” le decía la voz. Ella subía con toda prisa, mucha adrenalina y miedo al segundo piso de la casa, obviamente, antes que su perro lo haga. Corría constantemente una carrera en contra de ella misma.
Luego del fallecimiento de su padre, Macielle pasó por un trance muy duro en su vida. La tragedia sucedió cuando ella tenía dieciséis años. Fue algo repentino, inesperado, abrupto. Cuando la entonces adolescente trataba de recordar como había pasado ese año después del accidente, nunca lograba acordarse de casi nada, era como si no hubiese existido, como si se hubiese ido a otro mundo, a un mundo paralelo. No se puede decir que estos fueron los inicios de la creación de ese mundo, ya que cuando Macielle era todavía una pequeña niña, todas las noches al acostarse se ponía mirando a la pared en la que se encontraba ubicada su cama y conversaba con ésta, la pared le respondía a través de su mente. Lo que sí sucedió fue que luego de lo de su padre, la voz ya no estaba exteriorizada en una pared, si no que se había metido en ella y ya no la acompañaba sólo en las noches antes de irse a dormir, si no todo el tiempo.
Macielle pensaba que todo lo que tenía que ver con las cábalas, rituales, oraciones, “pedidos” o plegarias, duraba muy poco. “Cuando pedís que algo bueno ocurra, dura un poco más, porque seguís teniendo esperanza, pero cuando pedís que algo no suceda, en el momento que sucede, la fe que se había creado a partir de esos “pedidos”, se esfuma. A veces, por una cuestión de necesidad de creer en algo más allá, vuelve a resurgir (sólo hasta la próxima decepción), otras veces, realmente se desprecia, no se vuelve a utilizar y hasta puede llegar a hacerte pensar que fue por culpa de eso que sucedió”. Claro que Macielle tenía ese pensamiento, debido a una experiencia propia. Era muy tarde y su padre aún no llegaba, su madre lo había ido a buscar en el lugar que habían acordado y llamaba desesperada a ver si sus hijas, desde la casa, tenían alguna noticia. “Prendé la televisión a ver si ves si pasó algo en la ruta” les pidió en la última llamada. Así lo hicieron su hermana y Macielle y vieron que si existía tal noticia, pero no le hicieron caso, no quisieron aceptarlo. “No, esa no es la ruta que viene para acá” dijo su hermana mayor. En ese momento de angustia que Macielle estaba pasando, empezó a decir en voz baja: “Por favor que no le haya pasado nada a papá” y lo repitió varias veces. Luego, se le ocurrió que quizás, si escribía su deseo, con mucha fuerza y muchas veces, este se cumpliría. Macielle no pertenecía a ninguna religión, por lo tanto, se creaba sus propias creencias, esa vez, la escritura no funcionó. Macielle no pidió nunca nada más de esa forma.
“Si no sacas el café del microondas antes de que haga el sonido de aviso, va a sonar el teléfono y alguien te va a avisar que un ser querido murió o le pasó algo malo”. Macielle tenía un nudo en la garganta que cada vez le hacía más presión en el pecho. Mientras preparaba sus tostadas, no podía parar de mirar cuantos segundos faltaban para que el microondas sonara. Hacía todo apurada y diez segundos antes ya estaba parada al lado del aparato agarrando la manija para abrir la puerta antes del ruido. Así, sería un día sin tragedias, a no ser que, esta nueva forma de pedir las cosas no funcionara y la termine abandonando como hizo con la escritura en el papel, el año del accidente de su padre.
sábado, 24 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
El Superhombre
Te confundís de carta y te enojas. Descubren tu escondite y te enojas. Querés llegar rápido al cielo y tratas de tirar la tiza en el lugar que más te conviene, pero del apuro se te cae afuera del dibujo que hiciste en el piso y te enojas. Sentís la mano de tu compañero y una voz que te grita - ¡Mancha! te vas a un costado y te enojas. No encontras la pieza que falta para terminar de armar el hermoso paisaje que se está formando, desarmas todo y te enojas.
Después de enojarte, tomas esa merienda tan rica que te prepara tu mamá, ya te olvidaste de los enojos y con picardía le decís - ¡Veo, veo! Volviste a jugar, y eso es lo que te hace tan inmenso, siendo tan pequeño.
Después de enojarte, tomas esa merienda tan rica que te prepara tu mamá, ya te olvidaste de los enojos y con picardía le decís - ¡Veo, veo! Volviste a jugar, y eso es lo que te hace tan inmenso, siendo tan pequeño.
domingo, 7 de marzo de 2010
Bring it back
Estaba ahí, parada frente al espejo de su cuarto, que le permitía ver casi toda su figura. Todavía estaba en pijama y su cabello, como de costumbre, era un desastre que le quedaba lindo. Se quedo un rato quieta, mirándose con ganas de encontrarse defectos para auto criticarse. Encontró varios.
Al rato, se fue acercando poco a poco hacia el espejo, hasta quedar casi con la nariz tocándolo. Miró fijamente su cara y luego frunció los ojos, pero no los cerró. Ahí empezaron a aparecer nuevos rostros que cubrían el suyo, podía ver el rostro que ella quería o dejar que aparezca uno al azar. Algunas veces, aparecían caras que le daban miedo, entonces rápidamente dejaba de fruncir los ojos, volvía a verse a ella y se daba cuenta de que todavía estaba ahí.
Ese día eligió verlo a él, su imagen le hacía sentir una gran presión en el pecho y le daban ganas de llorar. Lo extrañaba y quería verlo, pero no así. Estaba blanco, con la boca cocida y el pelo también, parecía más canoso, sus ojos cerrados parecían hinchados y su mandíbula estaba un poco torcida. No era mas él, era un muerto. Se largó a llover y las gotas que fuertemente golpeaban contra el techo fueron la excusa perfecta para desconcentrarse y dejar de ver el rostro, que ya le había empezado a causar miedo.
Sentía bronca, desde hace años que siempre que lo elegía a él, nunca lograba ver otra imagen que no fuera la de su velorio. Es verdad que había sido la última, pero también era la que menos le gustaba.
A la noche, cuando se estaba por acostar, se dio cuenta que la presión en el pecho aún no se le había ido. Prendió la luz, todavía no lograba dormir en la oscuridad, corrió las sábanas y se acostó.
Al rato, se fue acercando poco a poco hacia el espejo, hasta quedar casi con la nariz tocándolo. Miró fijamente su cara y luego frunció los ojos, pero no los cerró. Ahí empezaron a aparecer nuevos rostros que cubrían el suyo, podía ver el rostro que ella quería o dejar que aparezca uno al azar. Algunas veces, aparecían caras que le daban miedo, entonces rápidamente dejaba de fruncir los ojos, volvía a verse a ella y se daba cuenta de que todavía estaba ahí.
Ese día eligió verlo a él, su imagen le hacía sentir una gran presión en el pecho y le daban ganas de llorar. Lo extrañaba y quería verlo, pero no así. Estaba blanco, con la boca cocida y el pelo también, parecía más canoso, sus ojos cerrados parecían hinchados y su mandíbula estaba un poco torcida. No era mas él, era un muerto. Se largó a llover y las gotas que fuertemente golpeaban contra el techo fueron la excusa perfecta para desconcentrarse y dejar de ver el rostro, que ya le había empezado a causar miedo.
Sentía bronca, desde hace años que siempre que lo elegía a él, nunca lograba ver otra imagen que no fuera la de su velorio. Es verdad que había sido la última, pero también era la que menos le gustaba.
A la noche, cuando se estaba por acostar, se dio cuenta que la presión en el pecho aún no se le había ido. Prendió la luz, todavía no lograba dormir en la oscuridad, corrió las sábanas y se acostó.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Uno, dos, tres...
Aunque lo intenta no puede. No se puede dormir. Una vez escuchó un método, que a una amiga le había resultado eficiente para introducirse en el sueño. Lo va a implementar, por más tonto que le parezca, lo único que quiere es descansar.
Lo que debe hacer es simplemente cerrar los ojos y empezar a contar, pero lamentablemente su mente no va a dejar que esto sea tan fácil como parece. Ella tiene que sufrir. Cierra los ojos y uno, dos, tres, empieza con el conteo. Repentinamente, su mente toma el papel principal: “No pares ni abras los ojos, porque lo que estás contando es la edad a la que se va a morir un ser querido”. Tiene miedo, quiere abrir los ojos y ver donde está, sin embargo no puede hacerlo o alguien morirá por su culpa.
Su meta principal, es menos posible que lo que era en un principio, sus ojos ya no están relajados como para dormirse, sino que están apretados y todo su cuerpo está tensionado y empezando a transpirar. Por otro lado, la meta de su mente está siendo cumplida a la perfección, ella está sufriendo.
Un momento más tarde, su mente vuelve a hablarle: “Si llegas hasta doscientos, mi juego ya no tiene validez”, se compadece. Ella cuenta cada vez más rápido para llegar al número que la liberará, termina y abre los ojos. Salvó a alguien.
Lo que debe hacer es simplemente cerrar los ojos y empezar a contar, pero lamentablemente su mente no va a dejar que esto sea tan fácil como parece. Ella tiene que sufrir. Cierra los ojos y uno, dos, tres, empieza con el conteo. Repentinamente, su mente toma el papel principal: “No pares ni abras los ojos, porque lo que estás contando es la edad a la que se va a morir un ser querido”. Tiene miedo, quiere abrir los ojos y ver donde está, sin embargo no puede hacerlo o alguien morirá por su culpa.
Su meta principal, es menos posible que lo que era en un principio, sus ojos ya no están relajados como para dormirse, sino que están apretados y todo su cuerpo está tensionado y empezando a transpirar. Por otro lado, la meta de su mente está siendo cumplida a la perfección, ella está sufriendo.
Un momento más tarde, su mente vuelve a hablarle: “Si llegas hasta doscientos, mi juego ya no tiene validez”, se compadece. Ella cuenta cada vez más rápido para llegar al número que la liberará, termina y abre los ojos. Salvó a alguien.
lunes, 1 de marzo de 2010
In my place
Después de haber estado tanto tiempo en la oscuridad, ver un poco de luz puede marearte.
Te acostumbraste a ser de piedra, a estar estática. Con el tiempo, tu cuerpo fue poniéndose cada vez más rígido. No podés ni querés moverte para ningún lado en el que puedas encontrar algo nuevo. De repente, algo cae arriba tuyo y te derrumbás, te rompés en pedazos muy pequeños. Se te abren nuevos caminos. Te desespera esta nueva visión, no estabas lista. ¿Cómo enfrentar este momento de liberación? ¿Cómo no tener miedo?
Deberías estar disfrutando, deberías ser feliz. Tu destrucción es tu oportunidad para empezar a vivir de nuevo, tu oportunidad para que esta vez, construyas mediante la experiencia. Ahora sos polvo, volá por donde más te guste.
Te acostumbraste a ser de piedra, a estar estática. Con el tiempo, tu cuerpo fue poniéndose cada vez más rígido. No podés ni querés moverte para ningún lado en el que puedas encontrar algo nuevo. De repente, algo cae arriba tuyo y te derrumbás, te rompés en pedazos muy pequeños. Se te abren nuevos caminos. Te desespera esta nueva visión, no estabas lista. ¿Cómo enfrentar este momento de liberación? ¿Cómo no tener miedo?
Deberías estar disfrutando, deberías ser feliz. Tu destrucción es tu oportunidad para empezar a vivir de nuevo, tu oportunidad para que esta vez, construyas mediante la experiencia. Ahora sos polvo, volá por donde más te guste.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
