Todavía hay cristal en mis ojos, la cuerda de mi garganta está muy ajustada y no logro desatarla. En mis manos pinté colores alegres, cada vez que ellas se dirigen hacia mi cara para secar una lágrima, me manchan. Cuando me miro en el espejo, me río del mamarracho.
Decidí que cuando los años pasen, una de mis arrugas vas a ser vos, seguramente la del costado del ojo izquierdo, un surco particularmente profundo que cuando me ría se marque más y que cuando llore, sirva de canal hacia mis mejillas.
Andate despacio, si te vas rápido te podes caer e inevitablemente voy a ir a levantarte.
sábado, 31 de julio de 2010
domingo, 25 de julio de 2010
El sentido de vos.
Nadie sabe, nadie espera, nadie quiere pasar por esto, pero esto te hace saber que ya pasó y que nadie te esperó. La lágrima que recorre tu mejilla ingresa por tus poros a tu cuerpo y se extiende por todas tus extremidades. El dolor en el pecho es cada vez más fuerte y las voces a tu alrededor se vuelven confusas, lo único que podes ver son garabatos. Garabatos sin sentido, de color negro y a veces rojo.
Cuando lo vi, no miré y cuando miré, ya se había ido. Se esfumó en mis brazos. Ahora estoy en manos del tiempo.
Cuando lo vi, no miré y cuando miré, ya se había ido. Se esfumó en mis brazos. Ahora estoy en manos del tiempo.
jueves, 15 de julio de 2010
Ahora.
… “Esta esquina es muy oscura para mí”. Iba caminando por la calle, era una noche fría y mi día de trabajo no había sido el mejor. Llevaba puesta la capucha y las manos adentro de los bolsillos del saco. Mis pasos eran cortos y rápidos. Mi cabeza estaba inclinada hacia abajo y mis ojos miraban mis botas negras en cada una de mis pisadas. Mis pies estaban rodeados por calle, por suelo.
Frené en una esquina de repente, porque vi que venía un auto, pero el conductor me dejó pasar. Crucé la calle y puse el pie en el cordón de la otra esquina. Vi la imagen de mi zapato negro pisando esa esquina y lo primero que pensé fue: “esta esquina es muy oscura para mi”. Esa frase me quedó grabada y no paré de repetirla.
Cuando crucé la calle, me acordé de vos. Cuando puse el pie en la otra esquina, te extrañé. Seguí extrañándote y repitiendo “esta esquina es muy oscura para mi” hasta que escribí la primer palabra de este texto y te lo dije.
Frené en una esquina de repente, porque vi que venía un auto, pero el conductor me dejó pasar. Crucé la calle y puse el pie en el cordón de la otra esquina. Vi la imagen de mi zapato negro pisando esa esquina y lo primero que pensé fue: “esta esquina es muy oscura para mi”. Esa frase me quedó grabada y no paré de repetirla.
Cuando crucé la calle, me acordé de vos. Cuando puse el pie en la otra esquina, te extrañé. Seguí extrañándote y repitiendo “esta esquina es muy oscura para mi” hasta que escribí la primer palabra de este texto y te lo dije.
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