viernes, 1 de octubre de 2010

Venecia

Caminó hasta llegar a ver el precipicio. El viento revolvía su cabellera y corría sus lágrimas para un costado, dejando sus ojos marrones rodeados de pintura negra. No tenía frío, no tenía calor y no tenía sentido.

Sentía como sus piernas temblaban y cada vez se hacían más débiles. Las nubes eran violetas y el cielo rosa, le gustaba esa combinación. El vestido blanco bailaba alrededor de su cuerpo y la acariciaba. Ella no pensaba nada, sólo sonreía.

Le emocionaba saber que su sueño de volar hoy se concretaría. Tomo un profundo respiro, alzó las manos y largando una carcajada se dejó caer.El placer del instante se hizo infinito.