sábado, 31 de julio de 2010

El subibaja.

Todavía hay cristal en mis ojos, la cuerda de mi garganta está muy ajustada y no logro desatarla. En mis manos pinté colores alegres, cada vez que ellas se dirigen hacia mi cara para secar una lágrima, me manchan. Cuando me miro en el espejo, me río del mamarracho.
Decidí que cuando los años pasen, una de mis arrugas vas a ser vos, seguramente la del costado del ojo izquierdo, un surco particularmente profundo que cuando me ría se marque más y que cuando llore, sirva de canal hacia mis mejillas.
Andate despacio, si te vas rápido te podes caer e inevitablemente voy a ir a levantarte.