¿Qué tan posible es, estar en este mundo, el mismo en el que estás vos, que estás leyendo esto, pero vivir o sentir que estás viviendo en otro? Para Macielle, esto era una cosa de todos los días, y no porque ella lo quisiera, si no porque no podía evitarlo.
Macielle era una joven, que vivía con su madre, su padre había fallecido unos años atrás y tenía tres hermanos y una hermana, pero todos eran mayores y ya se habían independizado. Ella estudiaba y trabajaba, pero sentía verdadera satisfacción, cuando cantaba o escribía y era eso a lo que realmente quería dedicarse, pero no lo hacía.
Ya había pasado una semana y Macielle no podía quitarse una idea de la cabeza: “No entiendo este mundo” decía, y lo repetía varias veces en sus pensamientos, generalmente antes de irse a dormir, o hacer un intento de ello, ya que hace unos años sufría de insomnio. Al no poder dormir, ese pensamiento la molestaba, entonces trataba de buscarle alguna explicación. En mi opinión una explicación razonable era saber que en realidad, hace ya un largo tiempo, Macielle había comprendido tan bien este mundo, que había decidido que no lo entendía para no tener que enfrentarlo.
Había constantemente una voz interior con la que ella “conversaba”. Ésta a veces le traía problemas, otras, ideas que parecían interesantes, y muy de vez en cuando, la dejaba un rato en paz. Esa voz, que a ella le costaba aceptar que era ella misma, era la que generalmente la llevaba al otro mundo, un mundo paralelo. Generalmente, la gente que se arma un mundo paralelo (no se si es mucha o poca), lo hace un mundo agradable, podemos decir que hasta casi perfecto, ya que la razón por la cual lo inventan, es para escaparse, al menos un rato, de las cosas que no los satisfacen de su mundo real. En el caso de Macielle, esto no era exactamente así.
La mayoría de las veces, la voz la torturaba, la molestaba, y hasta se podría llegar a pensar que era eso lo que no la dejaba dormir (a pesar de que la razón que Macielle utilizaba en el “mundo real” era que temía que su despertador no sonara y no pueda despertarse para ir a trabajar). Una de las últimas ocurrencias que su mente había planteado era la siguiente: cuando la gente se muere, tendría que suceder que en las fotos o videos en los que estas personas aparecen, se borre su imagen, se borre mágicamente y así, la persona que sigue viva no puede ir a llorar viendo su foto y no sufra tanto recordándola. Macielle no estaba para nada de acuerdo con esa idea, ella pensaba que a las personas que fallecían, era necesario recordarlas y llorarlas, y que si llegara a suceder que sus imágenes desaparecieran, igualmente seguirían existiendo las fotos de la mente y los recuerdos vividos con esas personas y que por lo tanto, el sufrimiento estaría igual de presente y eso estaba bien, porque según Macielle era un sufrimiento necesario, para poder seguir adelante. Generalmente, todas las ideas que la voz le planteaba se relacionaban con la muerte.
Macielle era una chica “especial”, ella lo sabía, lo sentía y se lo hacían sentir, a pesar de eso, esta joven, tenía los mismos miedos que tienen todas las demás personas, salvo que, con ayuda de su mundo paralelo, estos, se hacían, según lo definía la voz, un poco más interesantes.
La madre de Macielle, siempre decía: “A los vivos es a lo que hay que tenerles miedo. A los vivos, ¡No a los muertos!” y después de decir eso siempre manifestaba, tratando de convencer a su hija, cuan maravilloso sería poder tener un encuentro con alguna persona querida que haya fallecido. A pesar del discurso de su madre, el mayor miedo que Macielle había tenido toda su vida era a la gente muerta.
“Si no subís antes que el perro las escaleras, arriba lo vas a ver a tu papá muerto, apurate” le decía la voz. Ella subía con toda prisa, mucha adrenalina y miedo al segundo piso de la casa, obviamente, antes que su perro lo haga. Corría constantemente una carrera en contra de ella misma.
Luego del fallecimiento de su padre, Macielle pasó por un trance muy duro en su vida. La tragedia sucedió cuando ella tenía dieciséis años. Fue algo repentino, inesperado, abrupto. Cuando la entonces adolescente trataba de recordar como había pasado ese año después del accidente, nunca lograba acordarse de casi nada, era como si no hubiese existido, como si se hubiese ido a otro mundo, a un mundo paralelo. No se puede decir que estos fueron los inicios de la creación de ese mundo, ya que cuando Macielle era todavía una pequeña niña, todas las noches al acostarse se ponía mirando a la pared en la que se encontraba ubicada su cama y conversaba con ésta, la pared le respondía a través de su mente. Lo que sí sucedió fue que luego de lo de su padre, la voz ya no estaba exteriorizada en una pared, si no que se había metido en ella y ya no la acompañaba sólo en las noches antes de irse a dormir, si no todo el tiempo.
Macielle pensaba que todo lo que tenía que ver con las cábalas, rituales, oraciones, “pedidos” o plegarias, duraba muy poco. “Cuando pedís que algo bueno ocurra, dura un poco más, porque seguís teniendo esperanza, pero cuando pedís que algo no suceda, en el momento que sucede, la fe que se había creado a partir de esos “pedidos”, se esfuma. A veces, por una cuestión de necesidad de creer en algo más allá, vuelve a resurgir (sólo hasta la próxima decepción), otras veces, realmente se desprecia, no se vuelve a utilizar y hasta puede llegar a hacerte pensar que fue por culpa de eso que sucedió”. Claro que Macielle tenía ese pensamiento, debido a una experiencia propia. Era muy tarde y su padre aún no llegaba, su madre lo había ido a buscar en el lugar que habían acordado y llamaba desesperada a ver si sus hijas, desde la casa, tenían alguna noticia. “Prendé la televisión a ver si ves si pasó algo en la ruta” les pidió en la última llamada. Así lo hicieron su hermana y Macielle y vieron que si existía tal noticia, pero no le hicieron caso, no quisieron aceptarlo. “No, esa no es la ruta que viene para acá” dijo su hermana mayor. En ese momento de angustia que Macielle estaba pasando, empezó a decir en voz baja: “Por favor que no le haya pasado nada a papá” y lo repitió varias veces. Luego, se le ocurrió que quizás, si escribía su deseo, con mucha fuerza y muchas veces, este se cumpliría. Macielle no pertenecía a ninguna religión, por lo tanto, se creaba sus propias creencias, esa vez, la escritura no funcionó. Macielle no pidió nunca nada más de esa forma.
“Si no sacas el café del microondas antes de que haga el sonido de aviso, va a sonar el teléfono y alguien te va a avisar que un ser querido murió o le pasó algo malo”. Macielle tenía un nudo en la garganta que cada vez le hacía más presión en el pecho. Mientras preparaba sus tostadas, no podía parar de mirar cuantos segundos faltaban para que el microondas sonara. Hacía todo apurada y diez segundos antes ya estaba parada al lado del aparato agarrando la manija para abrir la puerta antes del ruido. Así, sería un día sin tragedias, a no ser que, esta nueva forma de pedir las cosas no funcionara y la termine abandonando como hizo con la escritura en el papel, el año del accidente de su padre.
martes, 27 de abril de 2010
sábado, 24 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
El Superhombre
Te confundís de carta y te enojas. Descubren tu escondite y te enojas. Querés llegar rápido al cielo y tratas de tirar la tiza en el lugar que más te conviene, pero del apuro se te cae afuera del dibujo que hiciste en el piso y te enojas. Sentís la mano de tu compañero y una voz que te grita - ¡Mancha! te vas a un costado y te enojas. No encontras la pieza que falta para terminar de armar el hermoso paisaje que se está formando, desarmas todo y te enojas.
Después de enojarte, tomas esa merienda tan rica que te prepara tu mamá, ya te olvidaste de los enojos y con picardía le decís - ¡Veo, veo! Volviste a jugar, y eso es lo que te hace tan inmenso, siendo tan pequeño.
Después de enojarte, tomas esa merienda tan rica que te prepara tu mamá, ya te olvidaste de los enojos y con picardía le decís - ¡Veo, veo! Volviste a jugar, y eso es lo que te hace tan inmenso, siendo tan pequeño.
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