martes, 2 de noviembre de 2010

Cueva

Noche o día. Cerca o lejos. Acá o allá. Ella u otra. Nada importa.
Llora. Llora tanto que se ahoga en sus lágrimas.
Sólo cuando cierra los ojos ve.
Sus manos tratan desesperadamente de tocar el rayo de luz naranja que se les escapa.
Sus pies sienten frío y sus dedos están fruncidos contra el piso.
Se ve en el reflejo de un charco, sucia y despeinada.
Mira hacia arriba y ve que el mundo es redondeado.
Ve la estrella que se está por morir.
Se queda callada para decirlo todo.
Por un instante desea que ese momento sea eterno.
Empieza a cuestionar su existencia.
Las preguntas empiezan a ocupar demasiado lugar.
Lo absurdo no está mal.
La interpretación es sólo tuya.
Vos no sos de nadie.
Si me voy, ¿venís conmigo?