jueves, 6 de mayo de 2010

La llave.

Era de noche y hacía frío, él caminaba solo por las calles vacías, aturdía el silencio. Sus pasos eran lentos, sus pensamientos todo lo contrario. Constantemente se sujetaba la cabeza y se la masajeaba, con la intención de acomodar un poco sus ideas y encontrar la respuesta.

Se sentía raro, quería encontrar algo nuevo en el mundo, un descubrimiento que en verdad desafíe todo prejuicio. No tenía miedo, ya había aprendido que eso no servía para nada. Comprendía que el planteo de todo paradigma siempre iba a encontrar resistencia al momento de ser aceptado, pero no le importaba arriesgarse.

Todo era cuestión de perspectiva, de cambiar el cuadro mental. Sabía que existía la posibilidad de que nadie entendiera lo que él quería hacer, pero para ese caso siempre recordaba y repetía en su cabeza la siguiente frase que Nietzsche había dicho respecto a su famoso personaje Zaratustra: “ Era un profeta rebosante de sabiduría, que decidió instruir a la gente. Pero nadie entendía sus palabras. Nadie estaba preparado para comprenderlo y el profeta, al darse cuenta de que había llegado demasiado pronto, regresó a su soledad”. Haría lo mejor posible, si no tendría que esperar y hacerlo más adelante, cuando sea el momento indicado.

Le quedaban pocas cuadras para llegar a su casa, el frío y la transpiración le empezaban a molestar y todavía no podía encontrar la respuesta que buscaba. Ese día era su cumpleaños, lo esperaba toda su familia y también sus amigos con una comida en su casa, eso lo hacía sentir bien. Además, sabía que toda esa gente lo apoyaría en su intención de generar un cambio en la conciencia colectiva para crear plenamente la nueva realidad.

Sacó las llaves de su bolsillo, el murmullo de la gente ya se oía desde afuera, en su interior pensó: “una mente abierta y razonable permite que la realidad nos muestre algo nuevo, algo que la mayoría piensa que es imposible, y esto se hace meramente con el poder de la conciencia. Abrió la puerta e instantáneamente vio la respuesta: Revolución.

No hay comentarios:

Publicar un comentario