jueves, 28 de abril de 2011

Un cuento dibujado.

Estoy en la parte más alta del tobogán, no sé si tirarme, está muy empinado. El tobogán es amarillo y alrededor hay cielo celeste con nubes blancas. Yo no resalto, paso desapercibida. Estoy agarrada fuertemente de las manijas.
A lo lejos veo que se acerca una tormenta. Nubes grises y negras se mueven cada vez más rápido hacia el lugar donde me encuentro. Mis manos sudan y resbalan, los dedos de mis pies están fuertemente fruncidos y me duelen. Una lágrima cae sobre mi mejilla y una gota sobre mi mano izquierda. Decido fusionarlas levantando la mano y llevándola a mi mejilla, las dos gotas se unen. Siento mucho frío en mi rostro y mucho calor en el pecho.
Un rayo de luz pasa a mi lado y seguido, un estruendo hace que todo tiemble y que mi mano derecha se desprenda de la manija. Estoy suelta, sólo me falta el impulso.
Mi corazón late rápido, mis ojos miran pero no ven, estiro mis piernas y me lanzo. Con los ojos cerrados y la brisa acariciando mi cara, voy desapareciendo. Me siento más liviana y sonrío.