lunes, 30 de agosto de 2010

Buenos Aires.

Estaba sentada, el transporte público estaba lleno de gente y murmullos. No le importaba estar despeinada y que su maquillaje se haya corrido, había sido un día de trabajo agotador y eso justificaba los descuidos. Se puso los auriculares porque no había ninguna conversación que le resultara interesante para quedarse escuchando.
Era de noche y las luces de la ciudad se veían borrosas, tenía sueño. Apoyó la cabeza contra el vidrio y miró la calle, un auto frenó al lado de su ventanilla, ella lo vio. Él se quedó mirando como si toda esa desprolijidad natural le fascinara. Los dos sabían que cuando el semáforo cambiase a verde sus caminos los separarían, no tenían mucho tiempo.
Se miraban fijo, ella sonrió y lo contagió a él. La luz del semáforo se puso amarilla. Con el aire de su boca ella empaño el vidrio y escribió: “Si”. Los vehículos avanzaron y se perdieron en la ciudad.

2 comentarios:

  1. Brillante. Delicado. Como un medallon de menta con chocolate.

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  2. dificil saber la cantidad de veces exactas pero que me paso mas de una vez... seguro. Increible como algo para parece tan significante en esos pocos segundos de vida, rapidamente se evapora y la vida continua para todos los involucrados.

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