jueves, 15 de julio de 2010

Ahora.

… “Esta esquina es muy oscura para mí”. Iba caminando por la calle, era una noche fría y mi día de trabajo no había sido el mejor. Llevaba puesta la capucha y las manos adentro de los bolsillos del saco. Mis pasos eran cortos y rápidos. Mi cabeza estaba inclinada hacia abajo y mis ojos miraban mis botas negras en cada una de mis pisadas. Mis pies estaban rodeados por calle, por suelo.

Frené en una esquina de repente, porque vi que venía un auto, pero el conductor me dejó pasar. Crucé la calle y puse el pie en el cordón de la otra esquina. Vi la imagen de mi zapato negro pisando esa esquina y lo primero que pensé fue: “esta esquina es muy oscura para mi”. Esa frase me quedó grabada y no paré de repetirla.

Cuando crucé la calle, me acordé de vos. Cuando puse el pie en la otra esquina, te extrañé. Seguí extrañándote y repitiendo “esta esquina es muy oscura para mi” hasta que escribí la primer palabra de este texto y te lo dije.