Nadie sabe, nadie espera, nadie quiere pasar por esto, pero esto te hace saber que ya pasó y que nadie te esperó. La lágrima que recorre tu mejilla ingresa por tus poros a tu cuerpo y se extiende por todas tus extremidades. El dolor en el pecho es cada vez más fuerte y las voces a tu alrededor se vuelven confusas, lo único que podes ver son garabatos. Garabatos sin sentido, de color negro y a veces rojo.
Cuando lo vi, no miré y cuando miré, ya se había ido. Se esfumó en mis brazos. Ahora estoy en manos del tiempo.
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