viernes, 19 de abril de 2013

Inocencia interrumpida

Siguió caminando. Después de haberse caído, en el medio de la muchedumbre, se levantó y sin quejarse del dolor que sentía en las manos y en las rodillas, siguió caminando.

En el trayecto hacia su casa, se cruzó con todo tipo de gente, y con todo tipo de reacciones ante sus rodillas sangrantes. Una señora mayor la miró con desprecio y moviendo su cabeza de un lado al otro hizo un gesto de negación, al que ella interpretó como un rechazo hacia la juventud de esta nueva época… “Quizás piensa que me lastime a propósito esta vieja de mierda”, pensó. Más adelante una chica de su misma edad o casi, que venía masticando chicle con la boca abierta, la miró de arriba a abajo y se rió. A ella le dieron ganas de decirle: “¿De qué carajo te estás riendo pendeja?” pero prefirió ignorarla y pensar que era una de esas que pertenecía a esa juventud a la que la vieja de antes rechazaba.

Hacía cada vez más frío y se estaba poniendo oscuro, eran como las 6 de la tarde. La sangre de las rodillas ya se le había secado, las manos le seguían latiendo del golpe que se había dado, le agarraron ganas de llorar. Se cruzó con un cartonero que simplemente la ignoró. Le faltaban algunas cuadras para llegar cuando vio pasar a una nena de aproximadamente unos 5 años con su mamá. La nena le señalaba las rodillas a la madre y le decía: “Mira mami, esa nena esta lastimada, mira”, a lo que ella le contestó: “Basta Sofía, dale, camina más rápido” mientras la agarraba del brazo y la llevaba casi flameando.

Ya estaba a unos pasos de la entrada de su casa, cuando se cruzó con un chico un poco más grande que ella, que la miró…le miró las rodillas y volvió a subir la mirada, era como que tenía ganas de decirle algo pero no se animaba. Ella estuvo a punto de decirle: “¿Me querés ayudar?”, pero le pasó por al lado y nadie dijo nada.

Llegó a la puerta de su edificio y se vio reflejada en el vidrio, se dio un poco de pena. Abrió la puerta y entró.

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