miércoles, 3 de marzo de 2010

Uno, dos, tres...

Aunque lo intenta no puede. No se puede dormir. Una vez escuchó un método, que a una amiga le había resultado eficiente para introducirse en el sueño. Lo va a implementar, por más tonto que le parezca, lo único que quiere es descansar.
Lo que debe hacer es simplemente cerrar los ojos y empezar a contar, pero lamentablemente su mente no va a dejar que esto sea tan fácil como parece. Ella tiene que sufrir. Cierra los ojos y uno, dos, tres, empieza con el conteo. Repentinamente, su mente toma el papel principal: “No pares ni abras los ojos, porque lo que estás contando es la edad a la que se va a morir un ser querido”. Tiene miedo, quiere abrir los ojos y ver donde está, sin embargo no puede hacerlo o alguien morirá por su culpa.
Su meta principal, es menos posible que lo que era en un principio, sus ojos ya no están relajados como para dormirse, sino que están apretados y todo su cuerpo está tensionado y empezando a transpirar. Por otro lado, la meta de su mente está siendo cumplida a la perfección, ella está sufriendo.
Un momento más tarde, su mente vuelve a hablarle: “Si llegas hasta doscientos, mi juego ya no tiene validez”, se compadece. Ella cuenta cada vez más rápido para llegar al número que la liberará, termina y abre los ojos. Salvó a alguien.

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